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lunes, 27 de diciembre de 2010

El año en que España ganó el Mundial


2010 pasará a la historia del deporte como el año en que la selección española de fútbol ganó el Mundial de Sudáfrica. “Lo haré cuando España gane un Mundial” es algo que los hijos ya no  podrán decir a las madres cuando les manden una tarea doméstica. A parte de romper tópicos y dinamitar los complejos de nuestro fútbol, el cetro mundial es el premio al encuentro de un estilo.


La búsqueda del estilo
España debutó como selección en los JJOO de Amberes (Bélgica) en 1920 y lo cierto es que hasta la Eurocopa de 2008 no ha tenido un estilo de juego definido. Esto ha sido un lastre comparativo respecto a otras selecciones de tradición como Brasil, con su fútbol control, Argentina, con su contraataque mortal, o Alemania, con su poderío físico.

La primera participación de España en un Mundial fue en Italia 1934, donde en un partido de desempate en el enfrentamiento, desde entonces trágico, de cuartos de final, los árbitros de Benito Mussolini expulsaron al equipo de Zamora y Quincoces de la competición. Después la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial apartaron a la roja de las competiciones. El retorno fue el momento más glorioso de la selección española en los mundiales hasta la victoria de 2010. En el Mundial de Brasil 1950 España quedó en una honrosa cuarta posición. Para el resto del globo esta competición se recordará por uno de los partidos más míticos de este deporte, el llamado maracanazo. En España, se recuerda el gol de Zarra y la narración radiofónica de Matias Prats. 
Después llegaron los años más negros de la selección española de fútbol. En 1960 se estrenó una nueva competición, la Eurocopa. El combinado español se auto eliminó al negarse a jugar contra la URSS por orden del dictador Francisco Franco. Cuatro años más tarde, en 1964, España organizó la Eurocopa y consiguió la victoria. De aquella selección destaca la visión de juego del único jugador español que ha conseguido el Balón de Oro hasta el momento, Luis Suarez, los regates increíbles del “brujo”, Amancio Amaro, y por supuesto, el gol de Marcelino en la final. A partir de aquí, fue acumulando fiasco tras fiasco. A destacar el Mundial de España en 1982, donde se vió uno de los mejores partidos de la historia de este deporte. El Brasil-Italia de cuartos de final, en el ya desaparecido estadio de Sarrià, marcó un antes y un después en la historia de los mundiales. España pasó, una vez más, sin pena ni gloria.

El final de la década de los 80 y el principio de los 90 significó el paso hacía el fútbol moderno. El italiano Arrigo Sacchi y su Milán marcaron una época. El fuera de juego, los gimnasios, la profesionalización completa del fútbol en todos los sentidos. La selección española de fútbol vió este cambio debatiéndose entre la carne y el pescado, buscando su propio estilo. Miguel Muñoz volvió a ser seleccionador y consiguió llegar a la final de la Eurocopa de 1984 en Francia. Uno de los momentos más míticos de la llamada furia roja es el 12 a 1 a la selección de Malta durante la fase de clasificación para esta competición. En la final, la cantada de uno de los mejores porteros españoles de todos los tiempos, Arconada, hizo que los anfitriones de la mano de Michel Platini consiguieran el título. De nuevo decepción, la miel en los labios.

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Codazo de Tassoti
Durante los años noventa comenzaron las victorias para la selección española en las categorías inferiores. En los JJOO de Barcelona 1992 una selección organizada en el centro del campo por Pep Guardiola consiguió la medalla de oro. En la absoluta, la apuesta del seleccionador Javier Clemente por un fútbol aguerrido y físico, al estilo del norte de España, llevó a la selección de fracaso en fracaso. Uno de los más dolorosos fue la eliminación en cuartos de final contra Italia en el Mundial de EEUU de 1994 con polémica arbitral y el famoso codazo de Tassotti. José Antonio Camacho rompió con ese estilo con una selección entregada al virtuosismo de jugadores como Raúl González o Juan Carlos Valerón pero con el mismo resultado frustrante. Destaca la actuación de este combinado en el Mundial de Corea del Sur y Japón 2002 en la que de nuevo una polémica arbitral apartó a España del camino de la final en cuartos de final. Las inferiores seguían cosechando todo tipo de premios. El Mundial sub 20 de 1999 o la medalla de plata en los JJOO de Sidney con la generación de jugadores como Xavi Hernández o José Javier Barkero son claros ejemplos. Iñaki Saez llegó al control de la selección avalado por su buen trabajo en las categorías inferiores pero no consiguió definir su fútbol. España navegaba sin rumbo en busca de un estilo propio y un poco más de suerte.

La Eurocopa 2008 marcó un rumbo
Senna, una de las piezas claves de la selección española en la Eurocopa 2008
Uno de los entrenadores más prestigiosos del fútbol español, Luis Aragonés, llegó a la selección para el Mundial de 2006 en Alemania. España presentaba un buen grupo de jugadores, pero la falta de experiencia en eventos de este tipo de algunos, como David Villa, unida a la falta de un relevo generacional, la presencia de Raúl González o Santiago Cañizares denuestran la falta de este relevo, llevaron a España a una nueva decepción en octavos de final contra la última Francia de Zinedine Zidane.

En la Eurocopa 2008 la suerte cambió para los nuestros. Esta competición marcó un rumbo hacia el éxito. Una selección marcada por la batuta de Xavi Hernández y Marcos Senna unida a la garra y el gol de David Villa y Fernando Torres. Esta vez sí, la selección tenía un estilo de juego claro vinculado a la circulación de balón fluida y la solidez en defensa, sin renunciar a vertiginosos contraataques aprovechando la velocidad de los delanteros y la capacidad de pase de los mediocampistas. No había nota disonante en la música de la roja. Uno de los momentos mágicos de la competición fue la tanda de penaltis contra Italia, en cuartos de final. Más de media España ya había visto esta película, el maleficio de los cuartos. Esta vez la moneda cayó del lado de la selección y esa es una de las claves para entender la tranquilidad que tuvo el equipo para arrasar en el resto del torneo y conseguir la victoria.

2010, España se confirma como el mejor equipo del mundo.
Iniesta celebrando el gol de la final contra Holanda con la camiseta en recuerdo a Dani Jarque
Sin lugar a dudas es el mejor equipo del mundo. Igual que el Brasil del 74 marcó una época, España la está marcando en estos momentos. Durante unos años en los que el físico y los medios estorbo tipo Gattuso están de moda España ha creado la antítesis a esta tendencia y, con ella, ha logrado el éxito.

La selección española es un homenaje al catalanismo futbolístico y a la talla media de los españolitos. Jugadores que no destacan por sus grandes capacidades físicas ni por su rapidez, sino por su inteligencia y control del balón. Hablamos de Gerard Piqué, de Xavi Hernández, de Sergio Busquets, de Francesc Fábregas o de Andrés Iniesta, que personifica la esencia del fútbol catalán pese a ser de Fuentealbilla (Albacete). Precisamente, él fue el autor del único gol en la final contra Holanda y esto le supone ser el favorito para conseguir el Balón de Oro de este año. Este estilo es fruto de la Masia, pero también del estilo de fútbol que se enseña en las canteras del Espanyol, el Europa o el Sant Andreu. A esto, se le suma la rapidez y lucha del fútbol del norte. Villa tiene el gol de Quini y la garra de Luis Enrique. Además, es de vital importancia la figura de un portero que no falla en los momentos cruciales sinó que mejora en ellos. Iker Casillas parece que ha heredado la llamada “flor de Miguel Muñoz”.

Una simbiosis que, por fin, ha llevado a España a la victoria en una Copa del Mundo. El 2010 será recordado por todos los aficionados al futbol como el año en que España ganó el Mundial.

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